Suplicando por
la vida de su niña, la mujer tarahumara imploró que la madre
superiora se encargue de su hija. María
Dolores estaba gravemente enferma y su madre sabía que las
hermanas del internado Santa María de Guadalupe serían la
última -- y mejor -- esperanza para salvar su vida.
No había tiempo que perder. Las
hermanas llevaron a María Dolores a la Ciudad de Chihuahua,
un viaje arduo por coche y tren, para buscar la atención médica
que urgentemente requería. Pero,
fue demasiado tarde.

María Dolores
se murió, el cuerpo diminuto desfigurado por los efectos de
la desnutrición. La
causa oficial -- y evitable -- de su muerte fue la
anemia.
La
pérdida de una niña es un suceso ordinario en la Sierra Tarahumara,
una región remota de México donde se mueren casi el 50% de
los niños antes de cumplir los cinco años. Pero
para la Madre Superiora de la escuela tarahumara, es un recuerdo
desgarrador del trabajo que queda por hacer.
El
internado Santa María de Guadalupe les proporciona alimentación,
casa y educación a 70 niñas tarahumaras. Igual que María Dolores,
muchas llegaron a la escuela padeciendo de desnutrición, deshidratación,
parásitos y enfermedades intestinas. Los padres no tienen
los recursos para cuidarlas y se abandonan a la merced de
la comunidad de hermanas que operan esta escuela en Cerocahui.
Por
60 años, la Congregación de Siervas del Sagrado Corazón de
Jesús y de los Pobres ha obrado infatigablemente para proteger,
educar y cambiar las vidas de los niños mexicanos más desprotegidos
y necesitados. Los jovenes tarahumaras en la Sierra Madre
satisfacen ese criterio y urgentemente requieren nuestra ayuda.
Visite la escuela